En mi vida pasada, mi madrastra se casó con mi padre a toda prisa porque pensó que era un hombre rico. Solo después de la boda se dio cuenta de que se había casado con un viejo común y corriente que no recibía ninguna pensión. Todo lo que le había mostrado era en realidad mío.

Aunque no estaba contenta, no le quedó otra opción que seguir adelante.

En esa fatídica víspera de Año Nuevo, en mi vida pasada, mi madrastra me había llamado con la misma excusa. Dijo que quería un poco de aire y me pidió que me encargara de la casa.

Acepté y regresé a la empresa, ya que era un día ocupado. No llegué a casa hasta la noche para cenar en Nochevieja.

Sin embargo, cuando entré, la casa estaba inquietantemente silenciosa. En la sala, mi madrastra lloraba, mientras mi padre me miraba con furia en los ojos.

Las lágrimas corrían por su rostro mientras me acusaba: "Megan, todo es culpa tuya. Si no hubieras sido codiciosa y me hubieras arrastrado a ese mercado por esos huevos, no me habría aplastado tanta gente en el mercado ni habría perdido al bebé..."